Mi vida se resume a grandes rasgos en una serie de cosas indescriptibles, como por ejemplo tratar de describir lo maravilloso que fue mi infancia en la parcela con mis primas y mis tíos, los veranos despreocupados leyendo en los árboles o las tardes en bicicleta, o tal vez mi accidentada adolescencia que más que buenos recuerdos, sólo supo traerme un vacío y una depresión no cuantificable por ninguna cifra o escala que yo conozca, o el periodo transitorio en el que supe encontrar amigos de una fidelidad indescriptible con los que cuento hasta el día de hoy y del que, para ser muy honesto, tengo contados recuerdos; no porque no lo haya disfrutado, si no porque los niveles de alcohol en la sangre eran tan elevados que difícilmente podría dar ciencia cierta de la línea que dividía mis tardes de juerga de mis noches insomnes o de las pocas horas de sueño, plagadas de pesadillas y de terrores nocturnos, hasta llegar al presente, que se vuelve aún más indescriptible, pero únicamente por la presencia de un ser glorioso, magnífico y soberbio que me sacó de esa impenetrable oscuridad mostrándome un camino de honestidad, coraje, esfuerzo y alegría que jamás soñé merecer, pero aquí estoy, viviendo una felicidad que no encaja con las palabras de ningún idioma, porque es tanta y tan abrazadora y tan inmensa que apenas y yo mismo me la creo posible. Aquí estoy, sumergido en un amor tan inmenso que me vivifica y me envuelve y del que no puedo distinguir un inicio y, felizmente, tampoco puedo ver un fin.
Es por eso que soy capaz de proyectarme a mis anchas, aún cuando de pronto todo lo venidero parece difuso y sumergido en la neblina de lo incierto, aún cuando yo mismo me ato a los obstáculos de los que soy el único culpable y me mantengo pasivo estudiando alternativas en lugar de estar creando un camino que me lleve directamente a mis metas, pero aún entre toda esa niebla, entre toda esa discordancia, siento tus manos en mi rostro, siento tus besos en mis labios y tu calor sobre toda mi piel en cada momento del día, aún así puedo dormir tranquilo durante la noche pensándote, sintiéndote, y sobre todo, amándote. Es esencialmente por ti que tengo reposo, esperanza y cordura; es por ti mi amor, que la vida vale la pena, que rendirse no es una opción y que seguir adelante es la única vía posible, porque sin ti estaría sumido en el fango de la autocompasión, en los vicios y quizás en clase de calamidades más.
Te convertiste en mi canis mayoris para guiar mis noches, en mi sol para embellecer mis días, en la vida que ilumina mi mirada y mi sonrisa, en mi cielo y en mi tierra. Te convertiste en mi corazón, porque me mantienes vivo, y es esa deuda de vida la que quiero retribuir abnegándome eternamente a ti, a tu sonrisa, a tus ojos azules hermosos, en los que veo el infinito del cielo, a tu pelo dorado que es más valioso que el oro porque esconde un brillo y un calor que cualquier sol envidiaría, por tu piel clara y cálida, en la que descanso cual arenas paradisíacas, en tus caderas que me mantienen firme en mis decisiones, cuando ni yo mismo puedo mantenerme firme o en tu vientre que fecunda mis sueños de un futuro juntos y las proyecciones de unos hijos maravillosos que aún nos queda por procrear y criar.
Eres mi vida, y por eso amo mi vida, porque te amo tanto que sin ti la vida perdería todo sentido o rumbo.
Te amo vida mía.